LOS ESPAÑOLES UNA BANDA DE: INDIFERENTES, COBARDES Y TIBIOS. INDIFERENTES 1ª PARTE. Jorge Perez Blanca 21/11/2021

LOS INDIFERENTES

Indiferente [persona] Que no muestra una actitud positiva ni negativa hacia determinada cosa o persona, o que no la muestra hacia nada ni nadie.

«varios transeúntes contemplaron indiferentes cómo el joven era agredido por unos encapuchados» y no hacen nada

Indiferente

  1. Que no muestra preferencia por nada en especial:
    elige tú, a mí me es indiferente.
  2. Que no muestra afecto o interés por algo o alguien:
    es indiferente a las críticas.

Como veis esas definiciones retratan a los HIJOS DE PUTAS, EFERMOS QUE NOS MAL GOBIERNAN. SON INDIFERENTES A LOS PROBLEMAS DE LOS ESPAÑOLES.

Indiferentes al bienestar de los mismos.

Indiferentes a la pobreza, ha la que nos ha llevado sus políticas económicas.etc…

A ellos lo único que les importa es vivir de nuestros impuestos y servirse del pueblo español, para sentirse alguien en esta puta vida.

«LO ÚNICO NECESARIO PARA QUE TRIUNFE EL MAL ES QUE LOS HOMBRES BUENOS NO HAGAN NADA».EDMUND BURKE

LOS INDIFERENTES (Alberto Cortez)
No se interesan por nada
por la buena o mala suerte,
ni por las cosas pasadas
ni por las cosas urgentes
ni las que son aceptadas
por el resto de la gente
¿Será que son inocentes,
Los indiferentes?

Son especímenes raros,
raros,ajenos y extraños
de proceder nada claro
introvertidos y huraños
en realidad son avaros
y más que avaros, tacaños
que creen ser inocentes,
los indiferentes

Si una matanza de focas
por traficantes voraces
deja mal gusto en la boca
y alza condenas tenaces
a ellos nada les provoca

Pues son asuntos fugaces
Y creen ser inocentes,
los indiferentes
No les preocupa la guerra,
lo justo ni lo arbitrario
les da igual cielo que tierra,
la cruz o el escapulario
el que acierta o el que yerra
si es legal o si es falsario
Y creen ser inocentes,
los indiferentes

Si ven un niño pidiendo
una limosna en la calle
ellos se excusan diciendo
que no llevan para darle
se hacen los desentendidos
para mejor esquivarles
y seguir siendo s inocentes,
los indiferentes.

Devotos imperturbables
de la diosa indiferencia
jamás se sienten culpables
ni con cargos de conciencia
rechazan las igualdades
con aires de suficiencia
y se piensan inocentes
los indiferentes.

Uno no sabe si al verlos
desintegrados de todos,
si son átomos dispersos
o simples engañabobos
Si observan el Universo
encerrados en un globo.
No pueden ser inocentes
los indiferentes.

  EL INDIFERENTE

Ahora seremos felices,
cuando nada hay que esperar.
Que caigan las hojas secas,
que nazcan las flores blancas,
¡qué más da!
Que brille el sol o que arpegie
la lluvia sobre el cristal,
que todo sea mentira
o sea todo verdad;
que reine sobre la tierra
la primavera inmortal
o que decline la vida,
¡qué más da!
Que haya músicas errantes,
¡qué más da!
Para qué queremos músicas
si no hay nada que cantar. José Hierro

SÓLO LE PIDO A DIOS QUE LO INJUSTO NO ME SEA INDIFERENTE. LEÓN GIECO

Ya decía Arthur Schopenhauer: La rebeldía es la virtud original del hombre. Y hoy escasea.

Un judío preso y que sobrevivió a Auschwitz, contaba como en Alemania se llegó al NACIONAL-SOCIALISMO, generador de la 2ª Guerra Mundial, y creador de los campos de concentración más criminales y asesinos del mundo, junto con los gulags COMUNISTAS rusos, chinos, cubanos, venezolanos etc. en una conferencia que dio por el 75 aniversario de Auschwitz decía, que Alemania había carteles que decían:

  “Los judíos no pueden sentarse aquí.” Puedes pensar que es incómodo, injusto, que no está bien. Pero, al fin y al cabo, hay otros bancos donde sentarse.

En el barrio había una piscina pública con una inscripción en la puerta que decía: “Se prohíbe la entrada a judíos.” Podría decirse: bueno, no es muy agradable, pero hay muchos sitios en Berlín a los que puedes ir a nadar, hay lagos y canales.

Al mismo tiempo, podías leer en otros sitios un aviso que decía que a los judíos no se les permitía pertenecer a asociaciones de canto alemanas. Bueno, si los judíos quieren cantar y tocar música, pueden hacerlo en otro sitio.

Lo que luego ocurrió es que se extendió una orden, más una orden oficial que una inscripción, que decía: “Los niños no arios no pueden jugar con los niños arios alemanes.” Bueno, no pasa nada, pueden jugar ellos solos.

Más tarde se leían carteles que decían: “Solo vendemos pan y comida a los judíos después de las 5 de la tarde.” Vaya, bueno, esto te complica un poco la vida. Pero, después de todo, puedes comprar una vez pasadas las 5 de la tarde.

Entonces empiezas a ver un patrón que se asienta. La idea de que hay gente que es excluida, estigmatizada y alienada se integra en nuestras vidas. Como está ocurriendo en España.

Sin que nos dieramos cuenta el Gobierno de PEDRO SANCHEZ EL COMUNISTA ENFERMO, nos ha llevado del CORONAVIRUS AL COMUNISMO . Y el Pueblo español NO PROTESTA ES INDIFERENTE.

Así es como se hace, paso a paso. La gente comienza a ver que es normal, tanto las víctimas como los perpetradores, los testigos y los observadores. Se acaban acostumbrando a la idea de que la minoría que produjo a Albert Einstein, Nelly Sachs, Heinrich Heine, Erich Mendelsohn y muchos novelistas es diferente y puede ser empujada a los márgenes de la sociedad. Se acaban acostumbrando a la idea de que son extraños y extranjeros, es gente que porta gérmenes y causa pandemias. Los orígenes del horror están ahí.

Investigue el derribo ilegal de la cruz de la ermita de Betxí (Castellón)20/02/2019

La persecución continúa.
¿Recuerdas la cruz de Callosa de Segura? ¿Y la de la Vall de Uxó? Fueron derribadas por ayuntamientos radicales que han emprendido una persecución hacia los cristianos.
Pues tengo que darte otra mala noticia.
Hay otra cruz (también en la Comunidad Valenciana) que se ha sumado a esa lista de símbolos cristianos derribados.
El alcalde de Betxí (Castellón), Alfred Remolar (Compromís), ha ordenado derribar la cruz de la puerta de la ermita del Calvario.
¿Qué alegan desde el Ayuntamiento?
Que lo han hecho por motivos de seguridad, que la cruz estaba en mal estado…
Pero ya te adelanto que eso es mentira.
Yo misma llamé al alcalde para ofrecerle una cruz nueva. Y no la aceptó.
Está claro que esos “motivos de seguridad” son una mera excusa para continuar esta ola cristianófoba que otros ayuntamientos (igual de radicales) iniciaron hace ya un tiempo.
No podemos permitir que estos políticos extremistas continúen derribando símbolos religiosos.
Por eso te necesito.
Firma esta petición y pide al Fiscal de Castellón, José Luis Cuesta Merino, que investigue el derribo ilegal de la cruz de Betxí.
Tenemos que parar esto. Y lo tenemos que hacer tú y yo, juntos.
Lo único que queremos es que se haga justicia. Que la cruz vuelva a su sitio y que se respeten tanto las creencias religiosas como sus símbolos. #RespetaMiFe.
Muchas gracias por apoyar esta campaña y defender la libertad religiosa.

A: José Luis Cuesta Merino, Fiscal de Castellón
Estimado Sr.
Desde hace unos años estamos viviendo una escalada de ataques a los cristianos. Vejaciones, marginación de la vida pública, ataques físicos, vandalismo en los templos…
Pero estos ataques se vuelven más graves cuando no son perpetrados por otros ciudadanos sino que son orquestados por los poderes públicos.
Esto ha pasado recientemente en varios municipios. Y el último es Betxí, en Castellón. El alcalde ha derribado la cruz de la puerta de la ermita del Calvario.
Han alegado que es por motivos de seguridad, pero él mismo ha confesado que no piensa reponer la cruz y ha rechazado una oferta de una nueva cruz sin cargo alguno para el Ayuntamiento.
La legislación internacional, como la Declaración Universal de Derechos Humanos, reconoce el derecho de manifestar la propia fe también con símbolos, en público y en privado. Y la más alta jurisprudencia internacional afirma que un Estado aconfesional no es incompatible con la presencia de símbolos religiosos en la vía pública.
Por eso le pido que investigue el derribo ilegal de este símbolo religioso cristiano e inicie las diligencias por un presunto delito de prevaricación.
Muchas gracias.
Un cordial saludo.

LA GUARDIA CIVIL: ABNEGACIÓN, SACRIFICIO, DISCIPLINA-05/07/2016

Artículo publicado en el diarío «La Nación», el día 20 de diciembre de 1930, sobre la Guardia Civil, escrito por Jose Antonio Primo de Rivera, es historia y como tal debe aparecer en nuestra sección.

LA guardia civil y Jose Antonio Primo de Rivera
La Guardia Civil y Jose Antonio Primo de Rivera

No es verdadera abnegación, de ordinario, la que elige la prueba, sino la que aguarda en todo instante, con ánimo igual, las que Dios envía. Suele ser más difícil soportar sin quejas las incomodidades cotidianas que romper aisladamente, enardecido por la ocasión, en un acto heroico.

Al acto heroico no le falta nunca, mirado de lejos, una aureola atractiva; mientras que la diaria realidad es casi siempre, además de incómoda, prosaica. Así, la cima de la virtud está en el cumplimiento seguido y oscuro de eso que se llama sencillamente «el deber».Quizá el rasgo más saliente de nuestro carácter nacional consiste en la inclinación a «esquivar el deber». No por cobardía a veces es más duro lo que emprendemos que lo que dejamos, sino por inquietud, por falta de «seriedad en la vocación».
Apenas hay español que no se considere llamado precisamente a aquello que no le corresponde hacer. «Si yo fuese ministro de Hacienda…….. Como me dejasen gobernar el Banco de España durante un mes…» Y al mismo tiempo que quien esto dice renuncia en su espíritu a maravillosas innovaciones que implantaría, se atrasa y se adocena en el cumplimiento de su verdadera misión.
Por otra parte, nos falta casi por entero el «sentido social»; ese goce de sentirse parte de un todo armónico, de comportarse como pieza puntual para que el conjunto de la máquina funcione bien. Aquí preferimos no pasar de tosca herramienta, con tal que sea independiente, mejor que entrar como rueda secundaria en un maravilloso mecanismo. La aspiración de casi todos nosotros sigue siendo, como cuando Ganivet escribía, la de regirnos por una Constitución individual, donde no haya más que un artículo: «Este español está autorizado para hacer lo que le dé la gana.»Pero entonces, si somos así, si en todos asoma aquella falta de seriedad en la vocación y esta arriscado indisciplina, ¿cómo puede existir entre nosotros la Guardia Civil? La Guardia Civil es precisamente negación de los dos defectos. De un lado, nada más severamente adicto al cumplimiento del deber que un guardia civil. Al cumplimiento del deber sin brillo; del de todos los días; con perfección que igual se extrema en el servicio extraordinario y en la aburrida misión de recorrer durante ocho o diez horas carreteras intransitadas. Y de otro lado, nada más devotamente impregnado del espíritu del Cuerpo disciplina, sentido social que un guardia civil.
No hay uno siquiera que acepte personal recompensa ni aun elogio. Una y otro los declinan siempre en provecho y gloria del instituto, al que pertenecen con la ufanía y el rendimiento del que profesa en una religión.
¿Cómo pueden darse entre nosotros hombres de este corte en tal abundancia? No una docena, ni un centenar, sino veintitantos millares.
¿En qué especie de metal incorruptible los transmutan cuando les invisten el uniforme, que así quedan inmunes a todo mal ejemplo?
¿Qué maravillosos fluidos, llegados de Dios sabe qué distancia, captan los picos del tricornio, que así neutralizan en quien lo lleva toda imperfecta inclinación nativa? Es un milagro: el milagro de la Guardia Civil. No es que la Guardia Civil haga milagros, sino que es un milagro en sí misma. Así, mientras unas instituciones caducan y otras no medran por falta de perseverancia o de solidaridad, la Guardia Civil sigue como siempre: ni mejor ni peor, sino «perfecta». Cada individuo en su puesto, y todos tan iguales en el rigor, en el aseo, en la severa cortesía, en el valor a toda prueba y en la infatigable asiduidad, que se dijeran formados en el mismo molde.
Ha llegado el momento de rendir homenaje al glorioso Instituto. Nadie le regateará su aportación. Por mucho que hagamos, siempre quedaremos en deuda con él. ¿Qué son unas pesetas o unos renglones al lado de lo que le debemos? Gracias a él se recorre España sin peligro de Norte a Sur, aun las comarcas más abruptas, vivero antaño de salteadores. Los que vivimos fuera de la ciudad, sobre todo, no podemos agradecer bastante los servicios de los guardias civiles.
A veces volvemos de noche por la carretera. Los cristales del automóvil se empañan; debe helar. Las casas que vamos dejando atrás tienen los balcones cerrados. Hacemos correr a nuestro coche, ganosos del hogar caliente y de la cama mullida. Todos duermen ya. ¿Todos? No; de pronto los faros iluminan, sobre el fondo oscuro, dos siluetas viriles. El haz luminoso se quiebra en los tricornios negros y en los fusiles vigilantes. Pasamos a su lado. Los saludamos. Y seguimos con emoción confortadora, en la que tal vez asoma un punto de remordimiento. Ellos quedan allí, velando por todos: austeros, severos, sencillos, como si no hicieran nada sobresaliente; con la robusta serenidad de lo duradero.

La Nación, 20 de diciembre de 1930.
José Antonio Primo de Rivera